Los rusos siempre han sido grandes bebedores de vodka, y se dice que hace unos mil años, el principe Vladimir I escogió el cristianismo antes que el islam al considerar que su pueblo jamás habría aceptado vivir sin alcohol.
Boris Yeltsin bebió y convirtió el vodka en su fiesta ambulante. En la euforia etilíca, bajó dando traspiés de su avión y dio un pellizco en el pompis a una diputada rusa. Alcohólico seguro decía que bebía para aliviar el extrés.
En la actualidad los rusos beben 68 botellas de vodka por persona y año, una botella cada 5 días...
Pedro I el Grande, zar juerguista y bebedor de vodka, ofreció al público visitante de un Museo de Antropología en San Petersburgo, el primero de Rusia, una copa de la bebida como reclamo a la entrada.
Zhirinousky, el lider ultranacionalista, aficionado a beber vodka accedió a comercializar una marca con su nombre.
El vodka debe beberse helado, enfriando la botella en el congelador y sirviéndolo en una copa o vaso pequeño.
Un vodka famoso el de James Bond, un vodkatini, preparado con dry Martini y vodka, al que se puede añadir pimienta y aromatizarlo con pieles de naranja o limón. También admite una pizca de miel.
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